Discurso de Graduación pronunciado por Fr. Jorge Arcia, OSA

Discurso de despedida

Saludo al P. Ángel Escapa, OSA., Presidente del Patronato del Centro Teológico San Agustín; al director, P. Enrique Somavilla Rodríguez, OSA., al P. Domingo Amigo, OSA., Presidente de la Federación de Provincias Agustinas de España, a los padres provinciales, equipo docente, personal administrativo, estudiantado del Centro, invitados todos.

Al terminar una de las etapas académicas de nuestro proceso formativo, me dirijo en nombre de mis hermanos para compartirles lo que ha sido nuestra experiencia vivida en estos cuatro años de contacto e inserción en el mundo de la teología. Lo haré teniendo en cuenta tres momentos fundamentales.

  1. Gratitud

Es la palabra con la que nos identificamos al lograr un peldaño más en el camino de nuestras vidas. Quiero recordar en este momento a tantos rostros, nombres y acontecimientos, de los que Dios se ha servido para mostrarnos y acompañarnos en esta aventura, gracias a Él en primera instancia, por ser la luz y el entendimiento en los días de nuestra juventud.

Gracias a nuestras familias, que desde distintas latitudes se unen en estos días a nuestras alegrías, gracias a los profesores que nos han acompañado durante estos años y han compartido con nosotros parte de la sapiencia que han adquirido en su labor pedagógica, a los profesores del bienio filosófico por ser los encargados de construir en los recién ingresados a este Centro, un pensamiento racional, empírico y metódico, dando paso de esta forma al ciclo institucional de teología, en el que hacemos extensiva nuestra gratitud al equipo docente, que según sus disciplinas específicas, nos han acompañado en el estudio de las Sagradas Escrituras, fuente del misterio cristiano; y sistematizada dentro del seno de la Iglesia por la Dogmática; que a su vez, da paso a la valoración Moral y a la regulación disciplinar mediante el Derecho Canónico, como antesala para una efectiva recepción Pastoral.

Agradecemos las horas de clases dedicadas por el P. Marciano Santervás, OAR., quien específicamente, ha sido parte de la construcción del pensamiento filosófico de los jóvenes agustinos que han pasado durante los últimos 12 años por estas aulas. Padre Marciano, muchas gracias y un buen y merecido descanso.

Agradecemos, también a los equipos de formación de nuestras respectivas casas; al Profesorio del Real Monasterio de El Escorial y al Profesorio de agustinos recoletos de las Rosas, lugares concretos donde se han ido gestando nuestros sueños, anhelos, y deseos de superación personal, académica y espiritual.

  1. Teólogos

Son muchas las horas que hemos dedicado al estudio, lectura e interpretación argumentativa, elaborada y sistematizada de la Revelación Divina. Dicho sea de paso, que no se trata de hacer una disertación sobre las fuentes, objeto y método de la teología, si no de reflexionar sobre el papel que a nosotros, jóvenes teólogos que terminamos esta etapa educativa y los que aún continúan, nos corresponde en la vida y en la actualidad de la Iglesia.

Para ello, quiero traer a la memoria una bella imagen del Papa Benedicto XVI, sobre la ineludible y estrecha unidad que ha caracterizado a la Teología y a la Tradición a lo largo de la Iglesia, cito: “no es una transmisión de cosas o de palabras, una colección de cosas muertas, sino, es el río vivo que se remonta a los orígenes, el río en el que los orígenes están siempre presentes[1]. Este río va regando diversas tierras, va alimentando diversas geografías, haciendo germinar lo mejor de esa tierra, lo mejor de esa cultura.

Parafraseando su pensamiento, esta es nuestra tarea y nuestro reto. Hacer que este Río (la Revelación), cuya fuente es Dios, riegue y alimente las geografías y culturas donde nos sea requerida nuestra presencia: España, Portugal, Brasil, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Honduras, México, Estado Unidos, etc. De esta forma podemos estar seguros que el Evangelio se seguirá encarnando en todos los rincones del mundo de manera siempre nueva[2].

Hasta este momento, te estarás preguntando pero de ¿Qué va este discurso? Compañeros, somos hijos de una institución divina y humana, con aproximadamente dos milenios de historia, en la cual, la hermenéutica de la continuidad es siempre una característica fundamental, pero esto no impide, que el dinamismo del Espíritu suscite nuevos aggiornamentos eclesiales; y ésta es mi invitación y mi anhelo, somos el relevo generacional de una Orden gloriosa, cuyo mentor sigue resonando en los albores de nuestros días, y como herederos de esta riqueza, estamos llamados a hacer de la marca “Agustiniana”, el sitio cultural e intelectual que le corresponde en la sociedad y en la vida de la Iglesia.

¿Cómo hacer real lo planteado anteriormente?  Mirad, el Papa Francisco en su disertación al Congreso Internacional de Teología, de la Pontificia Universidad Católica de Argentina, nos revela lo desafiante de la vocación del teólogo, lo estimulante que es el estudio de la teología y la gran responsabilidad que se tiene al hacerlo, desvelándonos tres rasgos de la identidad del teólogo, que me permito comentar:

  1. El teólogo es en primera instancia un hijo de su pueblo:

No puede y no quiere desentenderse de los suyos. Conoce su gente, su lengua, sus raíces, sus historias, su tradición.

  1. El teólogo es un creyente:

El teólogo es alguien que ha hecho experiencia de Jesucristo, y descubrió que sin Él ya no puede vivir. Sabe que Dios se hace presente, como palabra, como silencio, como herida, como sanación, como muerte y como resurrección.

  1. El teólogo es un profeta:

Es el hombre capaz de denunciar toda forma alienante porque intuye, reflexiona en el rio de la Tradición que ha recibido de la Iglesia, la esperanza a la que estamos llamados. Y desde esa mirada invita a despertar la conciencia adormecida.

  1. Pastores

De cara a un futuro muy próximo, estaremos inmersos en ambientes parroquiales, de colegios o de misión. Pasaremos de la ortodoxia a la ortopraxis, del aula al laboratorio, del arte a la técnica, de la teoría a la vida.

Misión que ha requerido según los criterios eclesiales una formación filosófico-teológica pertinente, que a estas alturas nos ha capacitado para ser los hombres que el mundo necesita y los que la Iglesia envía como signos de esperanza y vida.

Etapa que defino, como “entre el ideal y la realidad”; pasamos de ser agentes pasivos a ser agentes activos en el campo pastoral. Esto requerirá de nosotros una doble tarea, el cultivo de la mente y del Espíritu.

Hace unas semanas hemos estado reflexionando en el aula de clase, sobre la profunda crisis de la trasmisión de la fe, enmarcada en un contexto mucho más amplio: “una crisis de la gramática antropológica básica”, entendida como el choque de la generación del espíritu crítico, del encuentro de las culturas y del progreso de la técnica, donde los saberes de la vida fundamental que orientaban las grandes tradiciones son sacudidos violentamente[3].

Este es el escenario con el que nos encontraremos y ante el cual, debemos ser presencia y carta de Dios para el mundo, no buscándonos a nosotros mismos sino el bien y el beneficio de quienes se nos han confiado.

Queridos hermanos, trabajemos cada día como si nuestra vida estuviera en juego; aprendamos que, con paciencia, podemos controlar nuestro destino; sonriámosle a la adversidad hasta que ésta se rinda y, en cuanto podamos, sacudamos las telarañas de nuestra mente, antes de que éstas nos aprisionen[4].

Recordando a Madre Teresa de Calcuta: “Cuando no puedas correr, trota; cuando no puedas trotar, camina; cuando no puedas caminar, utiliza el bastón pero nunca te detengas” y por supuesto, a nuestro Padre San Agustín: “Donde dijiste basta allí comenzó tu perdición”.

Muchas gracias.

 

[1] Cf. Benedicto XVI, Audiencia General 26.04.206

[2] Cf. EG. 115.

[3] Donaciano Martínez, Proponer la fe hoy, Ed. Salterrae, España 2006.

[4] Og Mundino, El éxito más grande del mundo, Barcelona 2005.